La “final” ofrecida por San Lorenzo y Caracas FC se caracterizó por ser un circo de niños contra niños.
Pero más allá de la opinión personal de este servidor o de cualquier “experto,” la objetividad indica que el joven plantel del Caracas FC fue víctima de su propia falta de experiencia.
Y es tan difícil aceptar esta derrota cuando hace apenas un año hicimos una hazaña mucho más complicada frente a un rival muchísimo más peligroso. Pero esta vez no estaba Weymar Olivares, César “Maestrico” González, Iván “Champeta” Velásquez, Edder Pérez, o José Manuel Rey, quien en tono respetuoso fue mencionado por los comentaristas argentinos de Fox Sports en el segundo tiempo en un tiro libre clave para el Caracas, decían: “Que bueno que no está Rey eh? Con ese derechazo impresionante.” No sólo es el derechazo, es la presencia, la capacidad de liderar, y la confianza para no dejarse intimidar.
Fue precisamente en ese tiro libre donde se delató la patética y triste realidad en las mentes de nuestros jugadores. Cinco del Caracas como niños discutían detrás del balón, gritándose unos a los otros, compitiendo por el ego y con obvio miedo en sus ojos. Esos cinco: Lucena, Valencia, Bastianini, Rentería y Cominges. Fácilmente se puede escribir un poema acerca de cómo fue desperdiciado ese tiro libre, tanto como se puede escribir una trágica oda al segundo y tercer gol del Cuervo, cortesía de Vicente Rosales. Si más nunca vuelven a vestir la camisa del Caracas FC, será demasiado pronto.
Vicente Rosales fue la “figura” del encuentro. Ninguno de los 25 hombres en la cancha tuvo tanta influencia en el resultado como él. Aun así, no fue el único que debe llevar el peso de esta derrota. Con la excepción de José Mera, la defensa fue muy deficiente.
Pablo Bastianini, cuya función en Caracas FC era hacer goles, continuó perdido en la cancha, con su característica forma de jugar ya insoportablemente “solista.”
El único hombre en cancha que estuvo para el compromiso: Luís “Pájaro” Vera. Curiosamente, el jugador con más experiencia.
No hay nada que reprocharle al DT Noel “Chita” Sanvicente, quien conoce los puntos fuertes y débiles en sus jugadores, y cuyo planteamiento para el partido, a pesar de ser conservador, era el más probable para un triunfo. Sanvicente jugó para las probabilidades. Sigue siendo un "mago" considerando los recursos que tuvo. El hecho de que un gol temprano les afecte los ánimos a sus jugadores, o que su arquero quiera ser el héroe de la fiesta del Cuervo, está más allá de su jurisdicción.
La temprana salida de la Copa fue justa. Aun con un empate o triunfo, con este plantel no hubiésemos llegado lejos. Esperemos que la lección sea aprendida por la persona adecuada.
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